lunes, 11 de abril de 2011

El vuelo hacia las estrellas

En memoria

Estamos solos. Cuando llegamos al mundo nuestras madre nos sujeta fuertemente por el cordón umbilical, pero se rompe y quedamos sin agarres ni fijaciones, listos para empezar nuestra carrera solitaria hacia la muerte. Una muerte que a veces llega sin avisar, en una cruda madrugada de diciembre, sin un mísero teléfono para llamar; otras se hace esperar, cruel y putrefacta, se va dejando entrever, colándose nociva bajo la piel, destruyendo recuerdos, apisonando vida, una vida que se convierte en fósil viviente, como un opilión en la negrura de un túnel a punto de perecer. Pero nada es eterno, ni siquiera el dolor. Y cada vez duele menos, o duele igual o incluso más, aunque uno se acostumbra a los golpes del alma y cuando rompe el llanto, son lágrimas de rabia, lágrimas de impotencia. De vez en cuando llega la calma en la tormenta, se aplaca la angustia y nos adormece la paz de las imágenes compartidas, esos retazos de memoria que fueron nuestros, esas voces del pasado que se graban para siempre en algún punto inconcreto de nuestro organismo, subsistiendo más allá del acto de recordar. Mares de la tranquilidad en los que la mente navega, perdonados los pecados, limpias las almas, con la barba de Caronte rozándote la mejilla.
Polvo somos, polvo de naranjos que un día podamos, comiendo sus frutas invernales, mientras el fuego chirriaba en la chimenea que mañana volverá a arder en las cenizas; en las fotos amarillas de viajes infinitos, de carreteras infantiles y guías de trotamundos, de campings de verano y restaurantes imposibles, de madrugadas con leche en polvo, de lluvia, de sol, de castillos de arena, de acantilados hermosos, de rutas planificadas al detalle, cual hoja de oficinista. Allí estaremos todos, como si el tiempo no pasase, como si la muerte no pudiera tocarnos, inocentes y felices, porque ésta es la única vida que tenemos y más allá sólo queda la memoria de los presentes.
¡Qué bien se come en Palma del Río!




Gracias a mi tío César por la frase que dio título. "Emprendió el vuelo hacia las estrellas".

domingo, 10 de abril de 2011

La cruz de Nina

Nina cogió el bote de pastillas. Había perdido 3 kilos en las últimas dos semanas, pero el pantalón seguía sin cerrar. Comenzó a tener escalofríos, muy leves, como una brisa helada y fugaz montando desde los pies a la nuca. El plazo para pagar la hipoteca había vencido, tenía números rojos por tercera vez en el mes. Se sintió mareada, pensó que se caía de la silla. Por la mañana se levantó agotada, sueño acumulado de las tres últimas semanas, no tenía ganas de salir, de sentir el sol. Miró su imagen deformada en el espejo, se notaba las arrugas, las manchas de la piel, la falta de color. Hacía tres horas había discutido con su novio, aún tenía los ojos hinchados, las lágrimas secas como gotas de sal en las piedras del faro. Notó una punzada en el estómago:nauseas. La prueba de embarazo había dado negativa, se alegraba tristemente. Vomitó, comenzó a vomitar pastilla a pastilla, sin poder reprimir la vida que regresaba. Tres pastillas quedaron dentro, tres cápsulas rojas y blancas que la hicieron dormir.
Se despertó confusa. Miró el bote de pastillas con mirada borrosa. Nunca nada le salía bien.

sábado, 2 de abril de 2011

La realidad y el deseo

A veces me siento como una Charlize Theron culaquiera en juegos de mujer; otras, una simple y diminuta figura de carne flácida perdida en un universo demasiado grande para seguir.
Vivir en sociedad, en un mundo que nos une a todos y en el que debemos participar. No lo sé. Me siento cómoda en mi pequeño rincón diseñado a medida y alejado de miradas indiscretas que lo quieren cambiar. ¿Por qué conformarse con la realidad que los demás nos muestran? ¿Por qué no crear nuestro propio universo y vivir en él, ajenos a cuanto sucede fuera?
La Isla se convierte en el escenario perfecto para imaginar nuestro propia creación, para diseñar a nuestro gusto la vida que queremos vivir. Salir de aquí te devuelve a bofetadas a aquello que no queremos ser y que aguantamos tan sólo unos breves segundos, como en un sueño del que sabemos vamos a despertar.
¿A dónde nos lleva la búsqueda? ¿Hacia dónde caminamos cada uno de nosotros? Envueltos todos en una neblina opaca a los otros, lúcida en ocasiones, engañosa siempre. Las realidades paralelas de un mismo tiempo vivido, las muchas realidades y las cientos de verdades o más de mil mentiras. Ninguno sabemos a qué sabe el mundo real, porque el mundo real, si es que existiera, está cegado por la mirada miope de nuestra subjetividad, de nuestros deseos que lo transforman en una visión individual, única, indescriptible.
Nadie está a salvo de sí mismo.